Medicamentos y deporte: qué revisar antes de entrenar o competir

Una semana antes de una carrera, un atleta puede traer tres cosas en la mochila: tenis, geles de cafeína y una tira de ibuprofeno. No quiere hacer trampa. No quiere poner en riesgo su salud. Solo quiere llegar al domingo sin dolor.

El problema es que, en el deporte, un medicamento no actúa en un cuerpo en reposo. Actúa en un cuerpo que suda, se deshidrata, cambia el flujo sanguíneo, eleva la temperatura, exige al hígado y al riñón, y a veces compite bajo reglas antidopaje.

Por eso la conversación sobre medicamentos y deporte no debe empezar con miedo, pero tampoco con confianza excesiva. Debe empezar con criterio.

Un medicamento puede aliviar dolor, controlar asma, tratar una infección, mejorar una alergia o permitir que una persona con TDAH funcione mejor. También puede causar sueño, palpitaciones, molestias digestivas, lesión renal, riesgo tendinoso, interacción con suplementos o un problema antidopaje.

La pregunta correcta no es “¿este medicamento es bueno o malo?”. La pregunta correcta es: para quién, por qué, en qué dosis, en qué momento del entrenamiento, con qué riesgos y bajo qué reglas.

Si entrenas, compites o usas medicamentos de forma frecuente para poder seguir entrenando, una valoración médica deportiva puede ayudar a revisar el diagnóstico, la carga de entrenamiento y la seguridad antes de llegar a una competencia con dudas.

Una pastilla no siempre es una decisión pequeña

El problema no es usar medicamentos. El problema es usarlos sin contexto.

Un antiinflamatorio antes de una carrera larga no es lo mismo que tomarlo después de una torcedura leve, por pocos días, con alimento y con una indicación clara. Un inhalador indicado para asma no es lo mismo que usar broncodilatadores “por si ayudan a respirar mejor”. Una infiltración de corticoide puede ser útil en una lesión seleccionada, pero cerca de una competencia puede tener implicaciones clínicas y antidopaje.

La medicina deportiva moderna insiste en una idea sencilla: el medicamento debe encajar con el diagnóstico, la carga de entrenamiento, el calendario competitivo y las reglas del deporte [1-5].

En consulta no basta con preguntar “qué tomas”. Hay que preguntar por qué lo tomas, desde cuándo, en qué dosis, con qué otros productos, para qué competencia y qué síntoma estás intentando silenciar.

Si el dolor aparece cada vez que corres, saltas, cargas o compites, el medicamento puede ayudarte a sentir menos por unas horas, pero no necesariamente corrige el problema. A veces solo cambia la forma en que percibes una lesión que sigue ahí.

Si el motivo principal para medicarte es dolor persistente, revisa también la guía sobre valoración de lesiones deportivas.

El ejercicio cambia el contexto del medicamento

Cuando entrenas fuerte, el cuerpo redistribuye sangre hacia los músculos activos y la piel. Al mismo tiempo, el estómago, el intestino y el riñón pueden recibir menos flujo. También cambian la sudoración, la temperatura, la hidratación y la concentración de sodio.

Esto importa porque muchos medicamentos dependen de esos sistemas para absorberse, distribuirse o eliminarse.

Dicho de forma simple: el cuerpo durante una competencia no se comporta igual que el cuerpo sentado en la oficina. Por eso un fármaco que parece inofensivo en reposo puede causar más molestias gastrointestinales, mareo, sueño, palpitaciones, calambres, problemas de hidratación o dificultad para regular el esfuerzo.

Antes de tomar un medicamento cerca de un entrenamiento intenso o competencia, conviene revisar algunas preguntas básicas: qué diagnóstico estás tratando, si el síntoma apareció por una carga mal dosificada, si el medicamento puede afectar hidratación, sueño, frecuencia cardiaca, coordinación o estómago, si está permitido por las reglas antidopaje y si lo estás combinando con suplementos, cafeína, alcohol, calor o deshidratación.

No todo se resuelve suspendiendo el entrenamiento. Pero tampoco todo se resuelve tapando el síntoma con pastillas.

Si el síntoma apareció después de subir volumen, intensidad o carga, la prescripción del ejercicio para lesiones puede ayudar a ajustar el plan antes de depender de medicamentos.

Antiinflamatorios: aliviar no siempre significa recuperarse

Los antiinflamatorios no esteroideos, como ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco, ketorolaco o celecoxib, se usan con mucha frecuencia en deportistas. Pueden ser útiles para dolor agudo e inflamación en escenarios concretos. Pero la evidencia no apoya usarlos como “seguro preventivo” antes de entrenar o competir [7-10].

Hay que separar dos situaciones.

La primera es el dolor agudo con diagnóstico claro: una contusión, un esguince leve o una irritación inflamatoria puntual. En ese caso, un antiinflamatorio por pocos días, con dosis adecuada y vigilancia, puede tener sentido.

La segunda es el dolor que aparece cada vez que corres, saltas o cargas. Ahí el medicamento puede silenciar una señal importante. Si el dolor vuelve cuando pasa el efecto, el problema no era falta de ibuprofeno: era carga, técnica, recuperación, tejido irritable o una lesión que necesita evaluación.

En deportes de resistencia, el uso de antiinflamatorios antes o durante competencias largas preocupa por tres razones: intestino, riñón e hidratación. El ejercicio prolongado ya reduce el flujo al intestino; el ibuprofeno puede agravar la lesión intestinal inducida por ejercicio y aumentar la permeabilidad de la barrera intestinal [9]. Además, los antiinflamatorios pueden aumentar el riesgo renal, sobre todo con calor, deshidratación, vómito, diarrea o esfuerzos muy prolongados [10].

Una regla práctica: no uses antiinflamatorios para “aguantar” una competencia. Tampoco los combines entre sí ni los mezcles con alcohol o deshidratación.

Si tienes enfermedad renal, gastritis, úlcera, hipertensión, anticoagulantes, antecedente de sangrado o enfermedad cardiovascular, no los uses como decisión casual.

Si necesitas medicarte para entrenar semana tras semana, el plan de entrenamiento necesita revisión.

Antibióticos y tendones: cuidado con las fluoroquinolonas

No todos los antibióticos son iguales. En atletas, una familia merece atención especial: las fluoroquinolonas, como ciprofloxacino, levofloxacino, moxifloxacino u ofloxacino.

Estos antibióticos se han asociado con tendinopatía y ruptura tendinosa, especialmente del tendón de Aquiles, aunque también pueden afectar otros tendones [11-13].

Esto no significa que nadie deba usarlos jamás. Significa que deben indicarse con una razón clara y que el atleta debe saber qué vigilar.

El riesgo aumenta en personas mayores, quienes usan corticoides, pacientes con enfermedad renal o quienes regresan rápido a cargas intensas. En deportistas, el mensaje práctico es importante: si durante o después de un tratamiento aparece dolor nuevo en el tendón de Aquiles, pantorrilla, hombro o codo, no es momento de “probar a ver si se quita corriendo”.

Algunos antibióticos también pueden producir fatiga, molestias gastrointestinales, alteraciones del sueño o sensación de debilidad. Parte de eso viene de la infección; parte puede venir del fármaco. Por eso la vuelta al entrenamiento después de una infección no debe guiarse solo por “ya no tengo fiebre”. También importan energía, apetito, hidratación, frecuencia cardiaca en reposo y respuesta al ejercicio ligero.

No automediques antibióticos. Pregunta qué familia de antibiótico estás recibiendo. Si te indican fluoroquinolonas, comenta que entrenas o compites. Y si aparece dolor tendinoso nuevo, suspende cargas explosivas y consulta.

Si el dolor aparece en Aquiles, pantorrilla o tibia, puede ayudarte la guía sobre lesiones en HYROX o la guía de dolor de rodilla y cuándo consultar, según la zona principal de molestia.

Inhaladores, alergias y resfriados: revisar la fórmula completa

El asma, la rinitis alérgica y la broncoconstricción inducida por ejercicio son frecuentes en deportistas. Tratarlas bien no es dopaje; es salud. El problema aparece cuando se usan medicamentos respiratorios sin diagnóstico, en dosis altas o sin revisar la normativa.

En las reglas antidopaje, algunos beta-2 agonistas inhalados tienen límites permitidos; otros requieren autorización de uso terapéutico. Además, los glucocorticoides inhalados e intranasales suelen tener un estatus distinto a los glucocorticoides por vía oral, rectal o inyectable, que pueden estar prohibidos durante el periodo de competencia si no hay autorización válida cuando corresponda [1,2,14,17].

En palabras simples: un inhalador no debe compartirse, duplicarse ni usarse “por si mejora el aire”. El atleta con asma necesita diagnóstico, plan de control, registro de dosis y revisión de reglas si compite a nivel federado.

Con los resfriados ocurre algo parecido. Muchos productos antigripales combinan varios ingredientes: analgésico, antihistamínico, descongestivo, cafeína o estimulantes. Algunos pueden causar sueño; otros palpitaciones, temblor, presión alta o problemas antidopaje.

Los antihistamínicos de primera generación, como difenhidramina o clorfenamina, pueden causar sedación y afectar atención, coordinación y tiempo de reacción [18].

El consejo práctico es sencillo: lleva el nombre exacto del medicamento, no solo “el inhalador azul” o “el antigripal”. Revisa dosis, vía y horario. Evita estrenar antigripales de fórmula múltiple antes de competir. Y si un medicamento te da sueño, no lo pruebes por primera vez el día de carrera.

El tratamiento respiratorio debe buscar control clínico, no ventaja deportiva.

Estimulantes, TDAH y rendimiento: tratamiento médico no es atajo

Los estimulantes usados para trastorno por déficit de atención e hiperactividad, como metilfenidato o anfetaminas, pueden mejorar síntomas en pacientes con diagnóstico real. En deporte, muchos estimulantes están prohibidos en competencia y pueden requerir autorización de uso terapéutico [1,2,15,16].

La discusión no debe ser moralista. Un atleta con TDAH tiene derecho a tratamiento. Pero también necesita documentar el diagnóstico, usar dosis médicas, evitar compartir medicamentos y revisar las reglas aplicables.

El punto clínico es que los estimulantes pueden modificar frecuencia cardiaca, presión arterial, percepción de fatiga, apetito, sueño y tolerancia al calor. En condiciones de calor, humedad, deshidratación o entrenamientos muy intensos, esto puede ser relevante.

La cafeína, aunque no está prohibida por WADA en la forma habitual de consumo, también debe manejarse con criterio. Más no siempre es mejor, especialmente si hay ansiedad, insomnio, palpitaciones, reflujo o diarrea.

Nunca uses estimulantes de otra persona. No ajustes dosis por tu cuenta antes de competir. Revisa si tu medicamento requiere autorización. Y si entrenas con calor, avisa a tu médico qué fármacos tomas.

Si usas cafeína, pre-entrenos o estimulantes para sostener entrenamientos, revisa la guía sobre pre-entrenos en México.

Corticoides e infiltraciones: útiles, pero no inocentes

Los corticoides tienen un lugar real en medicina. Pueden reducir inflamación en condiciones específicas y, bien indicados, ayudar a controlar dolor o enfermedad.

Pero en deporte requieren cuidado.

Clínicamente, los corticoides pueden aliviar síntomas de forma potente. Eso también puede ser un problema: si reducen el dolor de una lesión que todavía no tolera carga, el atleta puede acelerar antes de tiempo. Además, su uso repetido o mal indicado puede afectar tejidos, glucosa, presión arterial, sueño, estado de ánimo o respuesta inmunitaria.

En antidopaje, el detalle importa. Los glucocorticoides por vía oral, rectal o inyectable tienen restricciones durante el periodo de competencia, salvo autorización válida cuando corresponda. Las rutas inhalada, intranasal, cutánea o local ocular pueden tener condiciones distintas según el caso [1,17].

Esta es una zona donde no conviene improvisar.

Si te infiltraron, pregunta qué sustancia fue, en qué dosis, por qué vía, en qué fecha y en qué sitio. Informa si tienes competencia próxima. Y no uses una infiltración para competir “a cualquier costo”.

Una infiltración bien indicada debe formar parte de un plan: diagnóstico, control de carga, rehabilitación y retorno progresivo.

Si estás considerando una inyección por dolor articular o tendinoso, revisa la guía de infiltraciones ecoguiadas.

Suplementos: natural no significa seguro ni permitido

Muchos atletas distinguen entre medicamento y suplemento como si el suplemento fuera automáticamente más seguro. No es así.

El consenso del Comité Olímpico Internacional advierte que algunos suplementos pueden tener utilidad en escenarios concretos, pero otros pueden ser inútiles, estar contaminados o contener sustancias no declaradas que comprometen salud, rendimiento y carrera deportiva [6].

Este punto es esencial: bajo el principio de responsabilidad estricta, el atleta puede ser responsable de una sustancia prohibida encontrada en su muestra, aunque no haya tenido intención de doparse [1,2].

Por eso “me lo recomendó alguien” o “decía natural” no es una defensa suficiente.

Los productos de mayor riesgo suelen prometer pérdida rápida de grasa, energía extrema, aumento hormonal, testosterona, recuperación acelerada o potencia sexual. También pueden aparecer etiquetas confusas: mezcla propietaria, extracto avanzado, pre-entreno intenso o ingredientes con nombres parecidos a fármacos.

La decisión responsable empieza por lo básico: comida, sueño, entrenamiento y recuperación. Después, si hay un objetivo definido, se revisa evidencia, dosis, certificación, lote y proveedor.

Si el suplemento tiene promesas exageradas, fórmula poco clara o ausencia de trazabilidad, el riesgo sube.

Para revisar etiquetas con más criterio, consulta la guía sobre fórmulas propietarias en suplementos.

La revisión mínima antes de tomar algo

No necesitas convertir cada carrera en una auditoría farmacológica. Pero sí conviene tener una revisión mínima antes de tomar un medicamento cerca de un entrenamiento intenso o competencia.

Antes de usarlo, identifica el nombre genérico y comercial, la dosis total por día, el horario, la duración, la vía de administración, el motivo clínico, los efectos secundarios relevantes para el deporte, la interacción con calor o deshidratación, la fecha de competencia, el estatus antidopaje y si hace falta autorización de uso terapéutico.

Una regla útil: no estrenes medicamentos, suplementos o dosis nuevas el día de una competencia. Lo que no probaste en entrenamiento controlado no debería aparecer por primera vez en una carrera.

Otra regla clínica: si necesitas medicarte para poder entrenar, no estás resolviendo el problema; estás cambiando la forma en que lo sientes. A veces eso puede ser razonable por pocos días. Pero si se vuelve costumbre, hay que investigar.

Si compites de forma federada, revisa el medicamento con tu médico, tu equipo de salud y las herramientas oficiales correspondientes. Las reglas pueden cambiar y el nombre comercial no siempre basta: hay que revisar ingredientes, vía, dosis y momento de uso.

Cuándo consultar a un médico del deporte

Consulta antes de competir o seguir entrenando si el dolor aumenta al correr, saltar o cargar; si te obliga a tomar analgésicos de forma repetida; si aparece sangrado digestivo, vómito persistente, diarrea intensa o dolor abdominal fuerte; si después de entrenar aparece orina muy oscura, mareo importante o confusión; o si presentas dolor de pecho, palpitaciones nuevas o falta de aire desproporcionada.

También conviene consultar si aparece dolor nuevo en el tendón de Aquiles durante o después de usar antibióticos; si recibiste corticoides orales o infiltrados con competencia cercana; si tienes diagnóstico de asma, TDAH, hipertensión, enfermedad renal, epilepsia o diabetes; si participas en deporte federado con controles antidopaje; o si usas suplementos de composición dudosa.

La medicina deportiva no busca quitarle autonomía al atleta. Busca darle más margen de seguridad.

Un buen plan permite entrenar, tratar enfermedades reales, respetar reglas antidopaje y tomar decisiones sin pánico.

Si entrenas o compites en Tlaxcala y tienes dudas sobre medicamentos, suplementos, dolor persistente o riesgo antidopaje, puedes agendar una valoración de medicina del deporte en Tlaxcala para revisar tu caso con más precisión.

También puede ayudarte

Competir con criterio también es cuidar tu salud

Medicamentos y deporte pueden convivir, pero no deben mezclarse a ciegas.

Un fármaco puede aliviar dolor, controlar asma, tratar una infección o permitir que una persona con TDAH funcione mejor. También puede causar efectos secundarios, ocultar una lesión, alterar la hidratación, afectar la coordinación o generar un problema antidopaje.

La pregunta correcta no es “¿este medicamento es bueno o malo?”. La pregunta correcta es: para quién, por qué, en qué dosis, en qué momento del entrenamiento, con qué riesgos y bajo qué reglas.

Un atleta bien informado no compite con miedo. Compite con criterio.

Si tienes dudas sobre un medicamento, una infiltración, un suplemento o una competencia cercana, agenda una valoración médica deportiva. La meta no es prohibirte competir, sino ayudarte a tomar decisiones seguras y bien documentadas.

Aviso médico

Esta guía tiene fines educativos y no sustituye una valoración médica individual. El uso de medicamentos en deportistas debe interpretarse según diagnóstico, edad, antecedentes médicos, medicamentos actuales, suplementos, alergias, enfermedades previas, hidratación, temperatura ambiental, carga de entrenamiento, calendario competitivo y reglas antidopaje vigentes.

No inicies, suspendas ni modifiques medicamentos prescritos sin consultar con tu médico tratante. Esto es especialmente importante si tienes asma, TDAH, hipertensión, diabetes, epilepsia, enfermedad renal, enfermedad hepática, enfermedad cardíaca, trastornos de coagulación, embarazo, lactancia o uso de anticoagulantes, corticoides, estimulantes, antibióticos o antiinflamatorios.

Si compites bajo controles antidopaje, revisa siempre el nombre exacto del medicamento, ingrediente activo, dosis, vía de administración, fecha de uso, periodo de competencia y necesidad de autorización de uso terapéutico. Que un medicamento esté indicado por salud no elimina la obligación de documentarlo correctamente cuando las reglas deportivas lo exigen.

Referencias

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  2. World Anti-Doping Agency. Therapeutic Use Exemptions. WADA. Consultado el 27 de junio de 2026.
  3. American College of Sports Medicine. ACSM’s Guidelines for Exercise Testing and Prescription. 12th ed. Wolters Kluwer; 2025.
  4. Brukner P, Khan K, et al. Brukner & Khan’s Clinical Sports Medicine: Foundations of Clinical Practice. 6th ed. McGraw Hill; 2024/2025.
  5. Brukner P, Ardern C, Blazey P, et al. Brukner & Khan’s Clinical Sports Medicine: Managing Injuries. 6th ed. McGraw Hill; 2025.
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