Una infiltración no debería ser “la última esperanza” ni una forma rápida de seguir entrenando encima de una lesión. Bien indicada, una infiltración ecoguiada puede ayudar mucho: reduce dolor, permite mover mejor una articulación, facilita la rehabilitación y, en algunos casos, aporta información diagnóstica útil.
Pero también tiene límites. No todas las lesiones se infiltran. No todas las sustancias sirven para lo mismo. Y lo más importante: una infiltración guiada por ultrasonido no reemplaza una buena valoración clínica, un diagnóstico claro ni un plan de recuperación.
En medicina del deporte, la pregunta no debería ser solo “¿qué me van a inyectar?”. La pregunta más importante es: qué estructura está causando el dolor, qué buscamos lograr con la infiltración y qué haremos después para que el beneficio se sostenga.
Esta guía explica cuándo sí conviene considerar una infiltración ecoguiada, cuándo no, qué sustancias se usan, qué riesgos existen y qué expectativas son realistas para una persona activa, deportista o paciente con dolor musculoesquelético.
Precisión sin promesas
Las infiltraciones musculoesqueléticas se usan para colocar una sustancia dentro de una articulación, una bursa, una vaina tendinosa o alrededor de una estructura dolorosa. Durante años se realizaron por referencias anatómicas: el médico palpaba la zona, identificaba puntos de entrada y dirigía la aguja con base en experiencia y conocimiento anatómico.
La ecografía cambió mucho este procedimiento. Con el ultrasonido musculoesquelético es posible ver la aguja en tiempo real, reconocer vasos y nervios cercanos, confirmar si hay líquido articular y depositar el medicamento o producto biológico en el sitio planeado. Las revisiones sistemáticas muestran que las infiltraciones guiadas por ultrasonido suelen ser más precisas que las realizadas solo por palpación, especialmente en articulaciones o regiones anatómicas complejas [1,2].
Aun así, más precisión no significa automáticamente mejor resultado en todos los pacientes. La ecoguía mejora la “puntería”, pero el resultado clínico depende de algo más amplio: diagnóstico correcto, sustancia adecuada, técnica estéril, momento de la lesión, control de carga y rehabilitación posterior.
En consulta, una de las confusiones más frecuentes es pensar que la ecografía “cura” por sí misma. No es así. La ecografía es una herramienta de precisión. Ayuda a encontrar el sitio correcto, pero no decide por sí sola si conviene usar corticoide, ácido hialurónico, anestésico local, plasma rico en plaquetas u otra estrategia.
La decisión médica no empieza en la jeringa. Empieza en el diagnóstico.
Si quieres entender mejor qué puede ver y qué no puede ver la ecografía, revisa también la guía de ultrasonido musculoesquelético.
Qué es una infiltración ecoguiada
Una infiltración ecoguiada es un procedimiento en el que se usa ultrasonido para dirigir una aguja hacia una zona específica del sistema musculoesquelético. No se hace “a ciegas”. El médico observa la anatomía en la pantalla y ajusta el trayecto de la aguja mientras avanza.
Puede utilizarse en diferentes estructuras:
- Articulaciones como rodilla, cadera, hombro, tobillo, muñeca o mano.
- Bursas, como la subacromial en el hombro o la trocantérica en la cadera.
- Vainas tendinosas, como en algunas tenosinovitis.
- Zonas alrededor del tendón, cuando el objetivo no es infiltrar dentro del tendón.
- Quistes, colecciones líquidas o derrames que requieren aspiración.
- Bloqueos diagnósticos para confirmar si una estructura participa en el dolor.
La ecografía también ayuda a decidir si conviene infiltrar o no. Por ejemplo, si el dolor de rodilla viene acompañado de derrame, engrosamiento sinovial o signos de inflamación, el procedimiento puede tener un objetivo claro. Si el problema principal es una ruptura completa, una fractura o una lesión que requiere otro tratamiento, la ecografía ayuda a no perder tiempo con una infiltración innecesaria.
La infiltración ecoguiada debe verse como una herramienta médica, no como un producto aislado. Su valor está en integrarse a una valoración completa.
Por eso, antes de decidir una infiltración, suele ser más útil empezar con una valoración de lesiones deportivas que relacione dolor, exploración física, imagen y carga.
En zonas profundas, como la cadera, o en articulaciones pequeñas, como algunas de la mano o el pie, esta precisión puede ser especialmente relevante. En zonas más superficiales, la ventaja puede variar, pero sigue siendo útil cuando se busca evitar vasos, nervios o colocar la sustancia en un espacio muy concreto.
Antes de infiltrar: el diagnóstico manda
La infiltración empieza antes de la aguja. Empieza con la historia clínica: cuándo inició el dolor, qué lo empeora, qué deporte o actividad haces, si hubo traumatismo, si hay inflamación, bloqueo, inestabilidad o pérdida de fuerza.
Después viene la exploración física. En medicina del deporte, esto importa mucho porque dos personas pueden tener la misma imagen en ultrasonido y síntomas completamente distintos. Una tendinopatía puede doler por sobrecarga, falta de fuerza, errores de dosificación del entrenamiento o cambios degenerativos del tejido. La sustancia inyectada no corrige por sí sola ninguno de esos factores.
Cuando el dolor se relaciona con fuerza, movilidad, técnica o exceso de carga, la prescripción médica del ejercicio puede ser tan importante como el procedimiento.
La ecografía permite ver tejidos blandos, tendones, músculos, bursas, líquido articular y algunas irregularidades óseas superficiales. También permite comparar con el lado sano y hacer pruebas dinámicas. Pero no reemplaza todos los estudios. Hay casos en los que se necesita radiografía, resonancia magnética o análisis de líquido articular.
Una buena indicación debe aclarar:
- Cuál es la estructura responsable del dolor.
- Si el objetivo es bajar inflamación, aliviar dolor, confirmar diagnóstico o facilitar rehabilitación.
- Qué sustancia tiene mejor sentido para ese caso.
- Qué riesgos particulares tiene el paciente.
- Qué se hará después del procedimiento para que el beneficio se sostenga.
Cuando el diagnóstico no está claro, infiltrar puede confundir más que ayudar. Si el dolor mejora por unos días, puede parecer que “se resolvió”, aunque el problema de fondo siga activo.
También es importante distinguir entre hallazgos de imagen y causa real del dolor. Muchas personas tienen cambios degenerativos en tendones o articulaciones sin que eso explique todos sus síntomas. Infiltrar solo porque “se ve algo” puede llevar a tratamientos innecesarios. La pregunta correcta no es únicamente qué aparece en la ecografía, sino si ese hallazgo coincide con el dolor, la exploración y la historia del paciente.
En atletas y personas activas, el diagnóstico también debe incluir el contexto de carga: kilómetros semanales, cambios recientes de entrenamiento, fuerza disponible, descanso, técnica, calzado, superficie, trabajo y hábitos. Muchas lesiones aparecen cuando el tejido recibe más carga de la que puede tolerar. Si eso no se corrige, cualquier alivio será temporal.
Cuándo sí puede tener sentido una infiltración
Una infiltración puede ser razonable cuando el dolor, la inflamación o la limitación funcional no permiten avanzar con rehabilitación, ejercicio terapéutico o manejo conservador. No tiene que ser la primera opción en todos los casos, pero tampoco debe verse como algo extremo si está bien indicada.
Puede considerarse en escenarios como:
- Dolor articular persistente por osteoartritis con inflamación o derrame.
- Bursitis dolorosa que no responde a medidas iniciales.
- Sinovitis localizada.
- Tenosinovitis seleccionadas.
- Dolor de hombro con bursitis subacromial o patología del manguito rotador, según evaluación.
- Dolor lateral de cadera por síndrome doloroso trocantérico.
- Dolor de rodilla con inflamación que limita la marcha o la rehabilitación.
- Aspiración de líquido para estudio cuando se sospechan cristales, inflamación importante o infección.
- Bloqueos diagnósticos para confirmar si una estructura es la principal fuente de dolor.
Las recomendaciones europeas sobre terapias intraarticulares señalan que estas intervenciones pueden utilizarse en dolor, derrame o sinovitis de distintas causas, siempre con evaluación individual, técnica adecuada e información clara al paciente [3].
En deportistas, la infiltración puede ser útil cuando el dolor impide cargar, caminar, fortalecer o recuperar movilidad. El objetivo no es “quitar dolor para volver a lo mismo”, sino crear una ventana de oportunidad para rehabilitar mejor.
Un ejemplo frecuente: una persona con osteoartritis de rodilla e inflamación puede mejorar a corto plazo con una infiltración. Pero si después no trabaja fuerza, control de carga, sueño y composición corporal, el dolor probablemente regresará.
Otra indicación frecuente es cuando el dolor está bloqueando la rehabilitación. Si una persona no puede hacer ejercicios básicos por dolor, reducir la inflamación puede permitir que empiece a moverse mejor. En ese escenario, la infiltración no compite con la fisioterapia: la facilita.
También puede ser útil cuando se requiere una aspiración. Sacar líquido de una articulación no solo puede aliviar presión; también puede permitir analizarlo cuando hay sospecha de cristales, artritis inflamatoria o infección. En estos casos, el procedimiento tiene valor diagnóstico y terapéutico.
Cuándo no conviene infiltrar
Hay situaciones en las que infiltrar no es lo más prudente. A veces por riesgo. A veces porque el diagnóstico no está claro. Y a veces porque el procedimiento solo daría una falsa sensación de seguridad.
No conviene infiltrar cuando:
- Hay sospecha de infección en la piel o dentro de la articulación.
- Existe fiebre, enrojecimiento intenso, calor local marcado o dolor desproporcionado.
- Se sospecha fractura, ruptura completa de tendón o lesión que requiere otro abordaje.
- El paciente busca competir de inmediato ocultando dolor importante.
- Se pretende infiltrar corticoide dentro de un tendón degenerado.
- Hay alergia conocida a la sustancia.
- Existen trastornos de coagulación no controlados.
- La diabetes está descompensada y se está considerando corticoide.
- Se han repetido infiltraciones sin mejorar el problema de base.
- Se espera que la infiltración regenere cartílago o cure una lesión estructural avanzada.
Los corticoides pueden ser muy útiles para inflamación, pero no son inocuos. La literatura describe efectos locales como dolor posterior al procedimiento, cambios en la pigmentación, atrofia grasa, infección, lesión tendinosa y posible progresión de daño articular en algunos contextos [5].
En tendinopatías, el punto es especialmente importante. Una revisión de ensayos clínicos encontró que los corticoides pueden reducir dolor a corto plazo, pero los resultados no siempre se sostienen y otras opciones pueden ser mejores a mediano y largo plazo según el tendón y el caso [10].
Una regla práctica: si la infiltración te permite hacer más de lo que el tejido puede tolerar, puede terminar jugando en contra.
Tampoco conviene infiltrar para “ganarle tiempo” a una lesión que claramente necesita descarga o una estrategia distinta. Por ejemplo, un dolor óseo por estrés, una lesión muscular aguda importante o una inestabilidad marcada no se resuelven con una inyección. Usar una infiltración para seguir compitiendo puede retrasar el diagnóstico y aumentar el riesgo.
En personas con diabetes, los corticoides pueden elevar la glucosa de forma transitoria. No significa que estén prohibidos en todos los casos, pero sí que deben planearse con cuidado, especialmente si el control glucémico no es bueno o si el paciente ya ha tenido descompensaciones.
Qué sustancias se usan y qué puede esperarse de cada una
La ecografía guía la aguja. La sustancia define parte del objetivo. No todas funcionan igual y no todas tienen la misma evidencia.
Corticoide
El corticoide se utiliza para disminuir inflamación y dolor. Puede ser útil en articulaciones inflamadas, bursitis, sinovitis o algunas vainas tendinosas.
En osteoartritis de rodilla y cadera, la guía del American College of Rheumatology/Arthritis Foundation recomienda los glucocorticoides intraarticulares como parte del manejo sintomático; en mano, la recomendación es más cautelosa y depende del caso [4].
Su ventaja es que suele actuar relativamente rápido. Su límite es que no repara cartílago, no corrige fuerza y no debe repetirse sin criterio.
Anestésico local
El anestésico local puede usarse para disminuir molestia durante el procedimiento o como prueba diagnóstica. Si se infiltra una estructura y el dolor desaparece temporalmente, eso puede ayudar a confirmar que esa zona participa en el problema.
Debe usarse con prudencia. Revisiones sobre anestésicos locales intraarticulares han descrito efectos dependientes de dosis y tiempo sobre condrocitos, que son células del cartílago [9].
Ácido hialurónico
El ácido hialurónico se usa sobre todo en osteoartritis, principalmente de rodilla. Su objetivo es mejorar síntomas, lubricación y función en pacientes seleccionados.
La evidencia es variable. Algunas revisiones sugieren beneficio en osteoartritis leve a moderada, mientras que algunas guías son cautelosas y no lo recomiendan como primera línea general [4,6]. No debe prometerse como “reconstrucción de cartílago”.
Plasma rico en plaquetas
El plasma rico en plaquetas se obtiene de la propia sangre del paciente. Se centrifuga para concentrar plaquetas y se infiltra en la zona indicada. Cuando se realiza con ecografía, puede hablarse de plasma rico en plaquetas ecoguiado.
En osteoartritis de rodilla, metaanálisis recientes sugieren que puede mejorar dolor y función en algunos pacientes, especialmente a mediano plazo [7]. En tendinopatías, la evidencia es más heterogénea y de calidad variable, por lo que no conviene presentarlo como tratamiento garantizado [8].
Soluciones proliferativas y otros procedimientos
Existen otros procedimientos, como proloterapia, aspiraciones, lavados de calcificaciones y combinaciones específicas. Su uso debe depender del diagnóstico, la experiencia del médico y la evidencia disponible para esa lesión concreta.
En medicina seria, lo importante no es ofrecer la sustancia de moda, sino elegir el procedimiento que responde mejor a la pregunta clínica.
Hay un punto que vale la pena aclarar: “más biológico” no significa necesariamente mejor. El plasma rico en plaquetas puede ser útil en algunos escenarios, pero no todo dolor de tendón necesita plasma. Del mismo modo, un corticoide no es “malo” por definición; puede ser una herramienta excelente cuando el problema dominante es inflamatorio.
La medicina correcta no es la que sigue modas, sino la que elige bien.
Seguridad: qué revisar antes del procedimiento
Una infiltración ecoguiada es un procedimiento mínimamente invasivo, pero no es un trámite casual. Implica una aguja, una sustancia y un tejido que puede inflamarse, sangrar o infectarse si no se respeta la técnica.
Antes de infiltrar se debe revisar:
- Diagnóstico y objetivo del procedimiento.
- Medicamentos actuales, sobre todo anticoagulantes o antiagregantes.
- Alergias.
- Diabetes o problemas de glucosa.
- Infecciones recientes.
- Infiltraciones previas.
- Procedimientos quirúrgicos cercanos.
- Competencia o evento deportivo próximo.
- Plan de rehabilitación posterior.
Durante el procedimiento se utiliza técnica estéril. La ecografía permite planear la entrada de la aguja, evitar estructuras sensibles y confirmar la distribución de la sustancia. Esto es especialmente útil en articulaciones profundas, pacientes con anatomía difícil o regiones cercanas a vasos y nervios.
Los riesgos posibles incluyen dolor transitorio, aumento temporal de inflamación, moretón, mareo, infección, sangrado, reacción al medicamento y elevación temporal de glucosa con corticoide. En una evaluación prospectiva, el dolor posterior a inyecciones con corticoide afectó aproximadamente a uno de cada cinco pacientes, aunque suele ser temporal [12].
La seguridad no depende solo de “que la aguja entre bien”. Depende de decidir bien, preparar bien y explicar bien.
La preparación también incluye explicar expectativas. El paciente debe saber si puede manejar, trabajar, entrenar o caminar después del procedimiento. En muchos casos puede hacer vida cotidiana con cuidado, pero se evita carga intensa de la zona infiltrada durante el periodo inicial.
La técnica estéril no es negociable. La infección articular es rara, pero grave. Por eso se cuida la limpieza de la piel, el material, el campo y la selección del paciente. Si hay infección activa en la piel cercana o síntomas sistémicos, se pospone el procedimiento o se cambia la estrategia.
Recuperación después de una infiltración
La recuperación cambia según la sustancia, la estructura infiltrada y el diagnóstico.
Con corticoide, algunas personas notan alivio en pocos días. Otras tardan más. Puede haber dolor durante las primeras 24 a 48 horas. En deportistas, una revisión recomienda uno a dos días de reposo relativo antes de volver progresivamente a la actividad después de una infiltración intraarticular con corticoide [11].
Con ácido hialurónico, el efecto suele ser más gradual. No es raro que el paciente perciba cambios después de varias semanas. Si se indica, debe entenderse como parte de un manejo de osteoartritis, no como una reparación estructural.
Con plasma rico en plaquetas, el comportamiento puede ser distinto. Puede haber más molestia inicial porque se busca estimular una respuesta biológica local. En tendinopatías, la rehabilitación posterior es central. Los protocolos publicados después de plasma rico en plaquetas varían mucho, lo que confirma que no existe una receta universal [13].
Después de una infiltración conviene evitar:
- Entrenar fuerte el mismo día.
- Probar la lesión con saltos, carrera o carga pesada solo porque duele menos.
- Automedicarse con antiinflamatorios sin indicación.
- Ignorar fiebre, enrojecimiento progresivo o dolor intenso.
- Abandonar la rehabilitación porque el dolor bajó.
El alivio del dolor es una oportunidad. No es el final del tratamiento. La pregunta no debe ser solo “¿me duele menos?”, sino “¿me muevo mejor, tengo más fuerza y tolero carga progresiva?”.
Una buena recuperación después de una infiltración tiene fases. Primero se controla la reacción inicial. Luego se recupera movilidad y tolerancia a actividades diarias. Después se reintroduce carga: fuerza, equilibrio, carrera, saltos o gestos deportivos según la lesión. Saltarse esta progresión es una de las razones por las que algunos pacientes sienten alivio breve y después recaen.
El regreso al ejercicio debe basarse en función, no solo en dolor. Para correr, por ejemplo, no basta con que la rodilla o el tendón duelan menos al caminar; debe tolerar fuerza, impactos progresivos y volumen gradual. Para levantar peso, no basta con que el hombro duela menos en reposo; debe recuperar control, rango de movimiento y tolerancia a carga.
Infiltraciones ecoguiadas en Tlaxcala: cómo tomar una buena decisión
Si estás buscando infiltraciones ecoguiadas en Tlaxcala, lo más importante es no empezar por la sustancia. Empieza por el diagnóstico.
Si tienes dolor articular, inflamación o una lesión que no mejora, puedes agendar una valoración médica para decidir si una infiltración ecoguiada tiene sentido en tu caso.
Una buena valoración debe responder:
- Qué estructura duele.
- Por qué duele.
- Si hay lesión activa o cambios crónicos.
- Si necesitas ecografía, radiografía, resonancia o análisis de líquido.
- Si la infiltración es necesaria o solo una opción.
- Qué sustancia tiene más sentido.
- Qué riesgos particulares existen.
- Cómo será el regreso a la actividad.
Consulta pronto si presentas dolor intenso después de una caída o giro, inflamación rápida de una articulación, fiebre, enrojecimiento, incapacidad para apoyar, bloqueo articular, pérdida de fuerza, dolor nocturno progresivo o adormecimiento.
Una infiltración ecoguiada se considera cuando puede aportar algo concreto: confirmar un diagnóstico, bajar inflamación, facilitar rehabilitación o mejorar función en un paciente bien seleccionado. Eso es muy distinto a “poner una inyección para quitar dolor”.
La mejor infiltración no es la más novedosa. Es la que responde a una pregunta clínica bien planteada y forma parte de un plan completo.
Si ya te han infiltrado varias veces y el dolor vuelve, vale la pena hacer una pausa y revisar el caso completo. La pregunta no es cuántas infiltraciones faltan, sino por qué el dolor sigue regresando. A veces falta fuerza; a veces hay una carga deportiva mal dosificada; a veces el diagnóstico inicial no era el principal; y a veces la estructura ya tiene un grado de daño que requiere expectativas diferentes.
La decisión debe ser compartida. El médico aporta diagnóstico, opciones y riesgos. El paciente aporta sus objetivos, su deporte, sus tiempos y su contexto. Cuando ambas partes entienden el plan, el procedimiento deja de ser una apuesta y se convierte en una herramienta dentro de una estrategia.
Preguntas frecuentes
¿Una infiltración ecoguiada duele?
Puede causar molestia, pero suele tolerarse bien. La sensación depende de la zona, la sustancia utilizada, el grado de inflamación y la sensibilidad de cada paciente. Después puede aparecer dolor temporal durante 24 a 48 horas, especialmente con algunas sustancias o en zonas irritadas.
¿La ecografía hace que la infiltración sea más segura?
La ecografía permite ver la aguja, reconocer estructuras cercanas y colocar la sustancia con mayor precisión. Eso puede mejorar la seguridad técnica, pero no elimina todos los riesgos. La seguridad también depende del diagnóstico, la indicación, la técnica estéril y los cuidados posteriores.
¿El plasma rico en plaquetas regenera el cartílago?
No debe prometerse como regeneración de cartílago. En algunos pacientes con osteoartritis de rodilla puede mejorar dolor y función, pero la evidencia depende del tipo de paciente, preparación del PRP, articulación, grado de lesión y protocolo posterior. No es una solución universal.
¿Puedo entrenar el mismo día?
En general, no conviene entrenar fuerte el mismo día. El regreso debe ser gradual y depender del diagnóstico, la sustancia utilizada y la zona infiltrada. En deportistas, especialmente después de corticoide intraarticular, se suele recomendar reposo relativo inicial y progresión posterior [11].
¿Cuántas infiltraciones puedo ponerme?
No hay un número universal. Depende del diagnóstico, sustancia, articulación, respuesta previa, riesgos del paciente y objetivo clínico. Si necesitas infiltraciones repetidas y el dolor siempre vuelve, conviene revisar el diagnóstico, la carga, la fuerza, la rehabilitación y las expectativas del tratamiento.
La infiltración correcta no empieza en la jeringa
Una infiltración ecoguiada puede ser una herramienta muy útil, pero no debería venderse como atajo. Su valor aparece cuando forma parte de una valoración completa: historia clínica, exploración, imagen, diagnóstico, elección adecuada de sustancia, técnica segura y plan posterior.
El objetivo no es solo que duela menos. El objetivo es que el paciente pueda moverse mejor, recuperar función, progresar carga y tomar decisiones más seguras.
Si tienes dolor articular, una lesión que no mejora, inflamación persistente o dudas sobre si una infiltración tiene sentido en tu caso, agenda una valoración médica. En muchos pacientes, la mejor decisión no es infiltrar de inmediato, sino entender primero qué estructura duele y por qué.
Aviso médico
Esta guía tiene fines educativos y no sustituye una valoración médica individual. Las infiltraciones ecoguiadas deben indicarse según diagnóstico, síntomas, exploración física, estudios de imagen, antecedentes médicos, medicamentos, alergias, objetivos de actividad y riesgos particulares.
Consulta antes de realizar una infiltración si tienes diabetes, uso de anticoagulantes o antiagregantes, infección reciente, fiebre, enfermedad reumatológica, embarazo, inmunosupresión, alergias a medicamentos, cirugía reciente o antecedentes de reacción adversa a infiltraciones.
Busca atención médica pronto si después de una infiltración presentas dolor intenso progresivo, fiebre, escalofríos, enrojecimiento importante, secreción, inflamación que aumenta, incapacidad para mover o apoyar, adormecimiento, dificultad para respirar, ronchas generalizadas o síntomas que empeoran en lugar de mejorar.
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